Panorama Político Cordobés
Tensión

El asesinato de Blas Correa pone de evidencia una realidad social e institucional reprochables

El asesinato de adolescente Valentino Blas Correo marcó un antes y un después en la sociedad. (Dibujo: NOVA)

Por Ana Nemer Pelliza, especial para NOVA.

El asesinato de adolescente Valentino Blas Correo tuvo lugar el 6 de agosto del 2020 en el que el primer informe manifestó que se estaban escapando de un control policial, luego se habló de una persecución e incluso de intercambio de disparos.

Transcurriendo los días y con la declaración de un testigo clave, logró que la red para armar un justificativo cayera sin más. El conductor de la moto, con el que habían tenido un altercado los adolescentes, se presentó espontáneamente y habría negado que los jóvenes portaban armas y comentó que se habría acercado al control policial para advertir de una “mala maniobra” que había realizado el conductor.

Poco a poco los argumentos de la policía intervinientes fueron cayendo por las cámaras de filmación o testigos que contaron cómo “plantaron” un arma que no funcionaba en el lugar para justificar lo injustificable. La responsabilidad de cada uno de los intervinientes de la red de encubrimientos ya suma 17 imputados.

El último es el comisario Mayor retirado Gonzalo Cumplido cuyo cargo era de subdirector General de Seguridad de Capital Sur, el área que comprende la mitad de los distritos policiales de la ciudad de Córdoba.

La falta grave que incurrió fue no haber comparecido al lugar del hecho una vez que le notificaron sobre el auto baleado por dos cabos primeros.

Su deber era constituirse en el lugar en el que asesinaron a Blas y allí realizar el procedimiento y logística para un caso de tan grave envergadura que produjo la muerte de un adolescente. Lo que se deduce de la instrucción judicial es que los jefes que sí concurrieron al lugar participaron de las maniobras de encubrimiento y la colocación del arma, lo que fueron captados por las cámaras e incluso habría grabaciones de sus conversaciones para lograr su objetivo.

Lo que se cree es que Cumplido quiso “despegarse” de esta situación y no complicarse con el encubrimiento que ya se estaba gestándose en ese momento, pero su omisión fue lo que lo terminó perjudicando.

Además de los policías también están imputados tres civiles por abandono de persona, ya que los amigos de Blas, desesperados condujeron hasta el Sanatorio Aconcagua y no quisieron atenderlos. Esto genera una sensación de indignación y desamparo por lo inhumanos de estas personas que no priorizaron la vida del joven, siendo totalmente reprochable su actitud.

La impotencia y malestar que genera saber que llegó a una institución médica y le cerraron las puertas genera una empatía y un reclamo de toda la sociedad. Por último, vemos que, si no se reclama de forma continua y constante por todos los medios posibles por justicia, la red de encubrimientos hubiera avanzado de tal forma que el joven Blas Correa y el dolor de toda su familia hubiera quedado en el olvido social y durmiendo en un expediente judicial.

Actualmente la familia y la sociedad reclama justicia, pero no solo de los responsables directos de lo ocurrido sino de un sistema perverso que justifica lo injustificable, que prioriza el amiguismo y los contactos antes que la misma vida de un ser humano, replanteándonos lo importante de sanear las instituciones y volver a los valores y pilares fundamentales que debe tener como base una sociedad de derecho.

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