Opinión
Puntos de vista

La "Ventana de Overton"

María del Carmen Taborcía, abogada y escritora.

Por María del Carmen Taborcía (*), especial para NOVA

La "Ventana de Overton" es una teoría política que describe cómo se puede cambiar la percepción de la opinión pública para que las ideas que antes se consideraban descabelladas sean aceptadas a lo largo del tiempo.

En principio ningún tabú escaparía a la eficacia de esta técnica de manipulación avanzada de masas. Por consiguiente, se podría cambiar de modo radical la valoración que la sociedad tiene de la eutanasia, el incesto, la prostitución, la inmigración, la pena de muerte, el bestialismo, la pederastia o el canibalismo, por poner sólo unos cuantos ejemplos.

Para ello se aplicarían una serie de técnicas, cuyo desarrollo pasaría inadvertido para la sociedad. Cada población y cada tiempo atesoran sus propios temas prohibidos, asuntos que no aparecen en la agenda de políticas públicas y de las cuales el electorado no oirá a ningún político hacer ningún tipo de declaración que no sea milimétricamente estudiada. Por el contrario, las cuestiones disponibles para el debate abierto conforman lo que en ciencia política ha sido bautizado en el siglo XXI como “Ventana de Overton”, un espacio estrecho que enmarca aquello que ubicamos en los límites de lo aceptable y donde exigimos a los representantes que establezcan sus propuestas.

El concepto homenajea en su nombre a su ideólogo, Joseph Overton, fallecido exvicepresidente del Centro Mackinac, uno de los más prestigiosos institutos de investigación de políticas públicas de Estados Unidos.

En el desarrollo de esta idea, Overton describió cómo un político solo podía optar a ganar votantes -o no ser castigado por ellos- si sus políticas permanecían en el interior de una ventana que sólo apuntaba a lo que la sociedad estaba dispuesta a tolerar en ese momento.

Los líderes más hábiles, sin embargo, son capaces de forzar los límites de la ventana para introducir en ella asuntos ubicados fuera del marco, considerados inaceptables por la opinión pública para que, una vez dentro del debate, sean percibidos como tolerables. De este modo, el líder en cuestión podría implementar sus planes con la garantía de que estos no serán rechazados de plano por la sociedad.

En la “Ventana de Overton”, las ideas pasan de ser impensables a radicales, y de ahí a ser aceptables, luego sensatas, populares, hasta que finalmente se articulan en material apto para moldear políticas.

Para mostrar de qué manera esta teoría explica cómo se pueden lograr los efectos deseados, conviene centrarse en un tabú concreto. Si se examina el canibalismo ¿Cómo sería posible convertir en aceptable la ingesta de personas? ¿Cómo se opera ese cambio en las conciencias desde la fase de aversión hasta la de conformidad plena?

1ª etapa: de lo impensable a lo radical

Para cambiar esa percepción, se puede, amparándose en la libertad de expresión, trasladar la cuestión a la esfera científica, pues para los científicos no hay temas tabú, sólo cosas que estudiar y descubrir. Por lo tanto, es posible celebrar una conferencia de tipo histórica sobre rituales exóticos de tribus africanas o de la Polinesia y discutir la historia del tema de estudio y obtener declaraciones autorizadas sobre la práctica ancestral del canibalismo, garantizando así la transición de la actitud negativa e intransigente de la sociedad a una actitud más positiva.

Simultáneamente, hay que crear algún grupo extremo que defienda a los caníbales que seguramente se haría muy famoso en un breve espacio de tiempo y citado por numerosos medios de comunicación. Como resultado de la primera etapa de Overton, el tabú desaparece y el tema inaceptable, en un principio, empieza a discutirse.

2ª etapa: de lo radical a lo aceptable

En esta etapa, hay que seguir citando a la ciencia para proteger el discurso y que no aparente ser una opinión personal, el refugio es decir que ignoramos tener conocimientos sobre el canibalismo, ya que si alguna persona se niega a hablar de ello será considerado un cínico intolerante.

Al condenar la intolerancia, también es necesario crear un eufemismo para el propio fenómeno para disociar la esencia de la cuestión de su denominación, separar la palabra de su significado. Así, el canibalismo se convierte en “antropofagia”, y posteriormente en “antropofilia”.

Paralelamente, se puede crear un precedente de referencia ya sea de tipo histórico, mitológico, contemporáneo o simplemente nacido de la imaginación, pero lo más importante es que sea legitimado, para que pueda ser utilizado como prueba de que la “antropofilia” en principio puede ser legalizada.

3ª etapa: de lo aceptable a lo sensato                                                           

En esta etapa lo importante es promover ciertas ideas tales como “El deseo de comer personas está genéticamente justificado”, “A veces una persona tiene que recurrir a eso, si se dan circunstancias apremiantes” o “Un hombre libre tiene el derecho de decidir qué come”.

La ciencia y los medios de comunicación en esta etapa muestran al mundo que durante la historia de la humanidad siempre hubo ocasiones en que las personas se comían unas a otras, y que eso era normal.

4ª etapa: de lo sensato a lo popular

Los medios de comunicación, con la ayuda de caras conocidas y políticos subidos al carro del progreso, ya hablan abiertamente de la antropofilia. Este fenómeno empieza a aparecer en películas, letras de canciones famosas, vídeos o inundando las redes sociales en toda clase de formatos.

En esta etapa, comienza a funcionar también la técnica que supone la promoción de las referencias a los personajes históricos destacados que practicaban la antropofilia.

Para justificar a los partidarios de la legalización del fenómeno se puede recurrir a la humanización de los criminales mediante la creación de una imagen positiva de ellos diciendo, por ejemplo, que son las víctimas, ya que la vida las obligó a practicar la antropofilia.

5ª etapa: de lo popular a lo político

Finalmente, la “Ventana de Overton”, cerrada al principio, se ha abierto de par en par. Comienza a prepararse la maquinaria legislativa para legalizar este novedoso fenómeno. Los grupos de presión se consolidan en la política y comienzan a buscar más poder y representación. En la conciencia pública se establece un nuevo dogma: “La prohibición de comer personas está prohibida”.

(*) Abogada y escritora

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