Más de 50 años de militancia anti partidaria y la eterna convicción de resistir
Raúl Martina tiene 74 años y vive en Estancia Vieja, una pujante localidad serrana del Valle de Punilla cercana a Villa Carlos Paz.
Desde que el protagonista de esta nueva edición de Perfiles Urbanos NOVA entró en la universidad a estudiar derecho lo invadió una firmeza militante tan contundente como asombrosa.
Raúl nació en Oncativo y comenzó su elocuencia relatando: "Hoy en las escuelas se sigue utilizando un sistema educativo que desinforma y a veces hay datos erróneos, como por ejemplo decir que el voto universal fue con la ley Roque Sáenz Peña cuando en realidad allí sólo votaban los hombres y el voto universal comenzó en 1952 por la lucha de Evita".
Con la experiencia de haber puesto el cuerpo en la dictadura sin alinearse a ningún partido Raúl explicó que hoy sufrimos la dominación del pensamiento, porque las clases dominantes son hegemónicas y moldean la forma de pensar de la gente más allá de la policía y el poder militar. Señaló que muchas veces la clase trabajadora está preocupada por cuestiones básicas, como tener que comer.
Sin embargo, agregó que finalmente terminamos pensando y decidiendo igual que un ministro de economía, como consecuencia del sistema y su bajada de línea. "Logramos la misma conceptualización de la vida y la verdad que los dominantes eligen y nos inducen a elegir. Por eso también somos egoístas y mantenemos ese sistema", concluyó.
"Nací en Oncativo, pero con un año viajamos a Punta Alta. En aquella localidad cercana a Bahía Blanca nació mi hermana Silvia y cuando yo tenía 17 años vinimos a Córdoba."
Relató que su padre fue marino militar y que la familia se mudó cuando él se retiró: "Él estuvo más de 20 años teniendo ese trabajo que solamente eligió porque en la década del 40 la marina hacía propaganda para sumar efectivos y, como pagaban bien, mi viejo realizó un análisis de las necesidades y entonces ingresó."
Sin embargo, aclaró que su padre nunca compartió el pensamiento militar y eso provocó conflictos: "Nunca defendió el sentir ni pensamiento militar y eso le llevó varios roces con sus superiores, aunque se jubiló por tener la edad y en gran medida mantuvo la familia gracias a ese trabajo."
Luego agregó: "Cuando entré a la UNC a estudiar derecho me encontré inmediatamente con grupos estudiantiles en formación y comencé a militar analizando la realidad política, aunque en mi casa no se hablaba de nada similar, pero si mis dos padres se oponían a que yo formara parte del servicio militar obligatorio.
Ahí milité en grupos universitarios socialistas y éramos opositores a franja morada, pero no pertenecíamos a ningún movimiento partidario existente".
Al referirse a la realidad política actual, Raúl compartió su pensar: "Muchas veces pensamos como sociedad, los políticos son una mugre y aunque esto tiene visos de realidad al creer esto caemos en un problema grave, no hablamos de política y después terminamos votando a estos payasos y locos que nos gobiernan a nivel nacional y ponen en jaque el desarrollo y futuro de nuestra realidad".
Retomando su relato sobre los años de militancia en la década del 70, cuando la dictadura comenzaba a endurecerse, Don Martina, conocido así en Estancia Vieja, explicó que la militancia absorbió todo su tiempo. Contó que dejó la carrera, tuvo distintos trabajos y, tras el arrasador triunfo del peronismo en 1973, junto a varios compañeros se mudaron a Buenos Aires por cuestiones de necesidad y trabajo.
Recordó que, en ese entonces, la persecución era parte de la vida cotidiana, aunque no siempre estaban pensando en el peligro: "Vivíamos la persecución con cierta normalidad, aunque hoy cueste entenderlo. Sabíamos que nos podían llevar presos o reprimir, pero no estábamos todo el tiempo pensando en eso".
Sin embargo, destacó que tras 1976 la situación cambió radicalmente: no había lugares donde esconderse, y todo se volvió una cuestión de vida o muerte.
Haciendo un repaso histórico, puso en claro la coyuntura de Argentina entre 1940 y 1960. Señaló que antes de esa época, tanto el socialismo como el anarquismo tenían una gran llegada a la clase trabajadora.
Comentó que algunos de esos militantes terminaron integrándose al radicalismo, de ahí el nombre del partido, que se distanciaba de las ya lejanas y casi inexistentes ideas de su fundador, Leandro Alem.
Luego explicó que, con una jugada maestra de Juan Domingo Perón, que supo absorber a la clase obrera, el socialismo prácticamente desapareció del país. Además, durante esos veinte años, ningún político de ese partido logró un perfil presidencial competitivo.
Luego fue profundamente transparente, demostrando su convicción: "En tantos años de militancia nunca pertenecí a ningún partido, puedo trabajar en algunas propuestas puntuales pero esta idea que suelen tener las grupalidades políticas de absolver a las personas con sentido de pertenencia no las permito".
Dando vuelta la página de su progreso personal, rememoró un momento crucial de su vida. Contó que en 1975 se convirtió en padre de Natalia y que, dos años después, ya exiliado en Austria, nació su hija Ana.
Su compañera, Carmen, también fue una militante activa, sobre todo en Uruguay, lugar donde nació. La actividad social y política siempre fue fundamental para ambos.
Además, destacó la nueva responsabilidad que implicó ser padres, un compromiso que asumieron sin titubeos. Reconoció que nunca tuvo problema para elegir trabajos, “siempre agarré lo que venga y fui aprendiendo sobre la marcha”, pero aclaró que jamás dejó de militar, y lo sigue haciendo hasta hoy.
Previamente a poder viajar cuando recién había ocurrido el golpe militar de 1976 junto a su recién nacida hija y su compañera Raúl pudo subirse a un avión gracias a la nacionalidad de la madre de sus únicas dos hijas.
Ya en tierras europeas la historia fue otra: "Desde que salí de Argentina tuve la firme convicción de que cuando los militares no estuvieran en el poder iba a volver a mi país.
En Austria trabajé en una dependencia de la ONU donde era el encargado de distribuir documentos a distintas organizaciones y personalidades".
Pero el terror y la persecución como para miles de activistas sociales militantes cuando Jorge Rafael Videla tomó el poder por la fuerza se volvió insostenible: "Yo trabajaba en una metalúrgica de punta alta que dependía de la marina, sobre una semana en ese trabajo y me rajaron ahí me fui a Buenos Aires a la casa de un cuñado por un tiempo.
"En esa residencia nos llegó una carta de mi suegra desde Uruguay diciendo que habían visitado su casa, ahí tuvimos que volver a escaparnos porque habían encontrado fotos. Nos fuimos a Córdoba, todas estas repentinas mudanzas siempre con mi compañera y Natalia que era bebé, recuerdo que en Córdoba estuve escondido un tiempo en un frigorífico en barrio San Vicente", expresó.
Luego, sostuvo que "cada vez se pone todo más difícil, volvimos un tiempo a Buenos Aires y mi mujer pidió ser refugiada y después de unos meses mudándonos le salió el pedido gracias al ACNUR".
Sobre su experiencia en tierras europeas expresó: "La adaptación costó, del idioma no teníamos idea, pero la necesidad apremia entonces motivados por eso lo resolvimos. No me podía quedar quieto. Junto a compañeros uruguayos allá armamos el comité solidario José Artigas y por ejemplo logramos financiar el viaje de dos médicos al penal de presos políticos de libertad en Uruguay".
A Raúl le sobran experiencias de vida y aparte de ser un intenso militante al cual le hierve sangre y no se queda callado ante ninguna injusticia también supo sortear los obstáculos y las necesidades como un gran trabajador que siempre logró llenar la olla de su familia junto a su compañera sin dejar de pelear por la necesidad de los otros.
Al contar sobre la presencia latina en tierras europeas aclaró: "En Austria éramos pocos argentinos pero había muchos uruguayos y chilenos. Los exiliados de nuestro país estaban más en Holanda y Alemania".
"En mi departamento refugié a un judío, él había logrado salir de Rusia y se volvió a Israel pero por algún motivo su país lo desilusionó y cuando volvió lo cruzamos en una estación de servicio y convivimos un tiempo y lo ayudé a llegar a la embajada húngara", aseguró.
Un momento que fue vivido como el rubicón de su estadía en el viejo continente se dio cuando volvió la democracia en Argentina de la mano de Raúl Alfonsín, al respecto el protagonista de esta historia que es una odisea comentó.
"Cuando Raúl Alfonsín ganó las elecciones fue en diciembre y yo en enero presenté la renuncia a Naciones Unidas, esperamos exclusivamente que Natalia, mi hija más grande termine el ciclo lectivo y en abril volvimos. Yo soy argentino, todo mi trabajo lo hice acá con un objetivo y había quedado una tarea inconclusa que sigue inconclusa hasta el día de hoy", contó.
Mirando de frente el final abierto de esta historia de guerrero Raúl Martina cerró su rico testimonio: "No paro de militar con 74 años, hasta hace poco fui parte del gremio de obras sanitarias en la Cooperativa Integral de Villa Carlos Paz y en la actualidad todos los miércoles nos juntamos con los jubilados en el reloj Cucú.
Tengo la convicción de que no hay que quedarse quieto, tenemos que protestar y visibilizar en este caso la situación que vivimos los jubilados.
En nuestro país gane quién gane en el 2027 tenemos dominación y explotación para rato, ya no creo en las clases hegemónicas ni políticas", y con una firmeza envidiable el trotamundo que hoy transmitió gran parte de sus vivencias ejemplificó su firme accionar incluso con una vida tan cercana a la muerte.
"Si pudiera hoy decirle a aquel joven Raúl un consejo justo antes que entró a la universidad y empezó a militar le diría que haga exactamente lo mismo salvando algunas distancias por la diferencia del contexto pero si uno no la pelea el único futuro que queda es seguir siendo dominado", exclamó.







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