Pegaron el portazo: el círculo rojo se baja del barco y se une al club del helicóptero
En el calor de la resaca electoral del domingo, el llamado círculo rojo decidió soltar amarras con elegancia felina. Después de fotos sonrientes en la Casa Rosada y promesas de apoyo inquebrantable, ahora prefieren mirar hacia otro lado, como si el presidente Javier Milei fuera un accesorio pasado de moda.
Y el centro de la escena, irónicamente, lo ocupa el gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, figura clave del cordobesismo que integra el espacio Provincias Unidas junto a Juan Schiaretti, radicales y macristas, pero que queda relegado en esta trama de sucesiones exprés.
Todo arrancó con una columna de Joaquín Morales Solá en La Nación, donde el tucumano dio por finiquitado el ciclo de Milei, elegido democráticamente hace apenas 20 meses.
Vía un dirigente peronista anónimo, soltó la bomba: postular al exgobernador cordobés Juan Schiaretti –candidato a diputado nacional por su provincia en octubre– como opción para la ley de acefalía. ¿El plan? Si el presidente y la vice Victoria Villarruel se van, la Asamblea Legislativa elige un provisional entre gobernadores, senadores o diputados para completar el mandato hasta diciembre de 2027.
Morales Solá no se anduvo con rodeos: “Un dirigente que viene del peronismo, aunque ya no milita en esa corriente, describe así el momento actual: ‘Cuando el peronismo huele la derrota se vuelve trotskista y practica el cuánto peor, mejor’. Se escucha a algunos dirigentes peronistas, y no a los más radicalizados, decir que ‘es necesario que Juan Schiaretti esté en la Cámara de Diputados’. ¿Por qué? Porque la ley de acefalía señala que, ante el alejamiento definitivo del presidente y vicepresidente de la Nación, la Asamblea Legislativa elegirá un presidente provisional para cumplir el mandato en curso entre funcionarios elegidos: gobernadores, senadores o diputados nacionales”.
Y remató con una advertencia envuelta en nostalgia: “Schiaretti es candidato a diputado nacional por Córdoba para los comicios de octubre. Lo primero que debe señalarse es que Milei debe llegar a las elecciones de octubre (también eso se pone en duda) y que debe cumplir su actual mandato, que concluirá el 10 de diciembre de 2027. La caída apresurada de un presidente conlleva demasiado sufrimiento social, como se vio cuando cayó Fernando de la Rúa”.
La especie corrió como pólvora en los pasillos del poder real. En A24, Eduardo Feinmann la amplificó con su estilo de showman: “La nota de Joaquín Morales Solá… es tremendo, hay tipos que tienen sueños con la renuncia de Javier Milei. Ya lo están pensando a Schiaretti presidente”.
No conforme, arremetió: “¿Quiénes ponen en duda que el presidente no llega a la elección de octubre?”. Y cerró con un consejo paternal: “Presidente, déjese ayudar, con algunas acciones está pavimentando el camino para el peronismo”.
Mientras tanto, los medios concentrados –esos mismos que ignoraron los problemas económicos acumulados, las sombras de coimas alrededor de la hermana del presidente o su dureza con los discapacitados– optaron por criticar los modos de Milei y su fracaso en tejer alianzas con gobernadores.
Esos mismos mandatarios provinciales que aplaudieron los recortes de la motosierra libertaria hasta que el rédito se evaporó. Schiaretti, peronista de closet que ahora navega por Provincias Unidas, emerge como el delfín conveniente, con Llaryora como aliado cordobés en el fondo del tablero, listo para cualquier movida.
El domingo por la noche, el batacazo electoral sirvió de excusa perfecta para este viraje: no se cuestionaron las políticas que dejaron un país en jaque financiero, sino la "incapacidad" para repartir favores.







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