Perfiles Urbanos
Exclusivo de NOVA

Santiago Lizio: arte itinerante, 16 países caminados y la sensación de que "algún tren se le pasó"

Santiago caracterizado como su personaje "Pan Frito" en Maravilha, Santa Catarina, Brasil, en 2024.
A paso lento y con el arte callejero como bandera recorrió gran parte de Latinoamérica en distintos periplos, pero hoy decide viajar regalando sus números artísticos en distintos semáforos de la ciudad.
Cascada de Jatoba, estado de Mato Groso.
Ruta 40 hacia Mendoza, en 2019.
Mural en la ciudad de la Habana, Cuba 2012.
“Si algo soy es lo aprendido en el mundo de los malabares, el secreto es la práctica consciente por eso siempre estoy queriendo mejorar en todos los aspectos la rutina y los detalles de mí personaje”, contó.

Santiago Lizio tiene 36 años y vive en el popular y cultural barrio de Bella Vista, pegado a la mítica Cañada de Córdoba. A paso lento y con el arte callejero como bandera recorrió gran parte de Latinoamérica en distintos periplos, pero hoy decide viajar regalando sus números artísticos en distintos semáforos de la ciudad.

 Comenzando una nueva edición de Perfiles Urbanos de NOVA, Santiago comentó: “Realicé la carrera de profesor de educación física y me recibí con 22 años. Dos años antes ya había hecho un viaje de mochilero con un amigo (Manuel) hasta Ecuador y sentí que quería más la ruta que otra cosa en mí vida pero con la certeza y el objetivo de terminar con lo que había empezado. Cuando finalicé el profesorado me fui a México y viajé de mochila hasta Córdoba”.

Cuando el espíritu viajero se despierta en el interior del ser humano es difícil callar esa voz que nace con fuerza y grita ante cualquier eventualidad personal libertad.

Luego de aquel viaje ya nada sería igual para éste trotamundos cordobés: “A los 25 años renuncié a un gimnasio donde trabajaba, vendí un auto y empecé otra aventura por Buenos Aires, Uruguay y Brasil. En ese momento empecé a utilizar el arte callejero como modelo de autogestionar los viajes”.

Es inevitable el deseo de repetir historias como esta cuando se acercan al oído pero principalmente el sentir de una persona que realiza una vida laboral y rutinaria. Santiago, puede recordar con una sonrisa cada uno de los países que visitó: “Estuve en Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Perú, Chile, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala, México y Cuba”.

Sin embargo, las experiencias vividas por este humilde hombre que conoce como pocos las calles de Córdoba también cuentan con largos kilómetros recorridos sobre dos ruedas: “Del 2015 a fines del 2017 viaje en bicicleta desde el nordeste brasilero, Joao Pessoa, hasta Córdoba pasando por el Amazonas y Paraguay hasta llegar a Córdoba”.

Aquella difícil e inolvidable forma de atravesar el pulmón verde más importante del mundo le demandó más de un año de esfuerzo entre lluvias, calores sofocantes y más de un encuentro con animales que sólo se ven en el Amazonas donde Santiago recorrió aproximadamente 5000 kilómetros.

Sobre aquellos pasos por la selva expresó: “Encaramos ese recorrido con siete cicloviajeros y formamos la compañía de circo Los Andariegos que también contaba con instrumentos musicales como saxo y nos presentábamos en las plazas, bares y colegios del Amazonas. Llegamos en cinco bicicletas con los compañeros hasta Manaos y ahí el grupo se separó, algunos decidieron emprender camino a Bolivia y otros a Venezuela. Yo continué hasta Córdoba, luego de eso aprendí a desapegarme del tiempo porque las experiencias en bici suelen ser muy largas y comencé a dedicarme a entrenar y perfeccionar más el arte circense”.

Profundizando sus sentidos hacia el núcleo esencial del vínculo con la bicicleta Santiago logró expresarse de manera transparente: “Viajar en dos ruedas te demanda un esfuerzo importante porque son muchas horas y kilómetros, el clima y distintos imponderables pero siempre te encontrás con una recompensa luego del esfuerzo de pedalear, al final del día siempre la ruta nos regala una comida o un lugar caliente y cómodo con una cama para dormir. Nosotros no cargamos con la carpa, llevábamos lo simple, dormíamos en hamaca. Vivíamos liviano y esa es la experiencia que me llevo y trato de obrar de corazón desde el sentir incluso en una vida distinta en la ciudad de Córdoba y dedicándome al arte callejero. Intento siempre no hacerle mal a nadie”.

Cada vez que frenamos nuestro auto o el paso por una esquina nos hace mirar hacia un artista callejero nuestra mente se llena de preguntas, algunas con ciertos prejuicios si realmente nos interpelamos desde el autoconocimiento, pero otras incluyendo la intención de materializar un sueño que transmite con su ejemplo esa persona que hace malabares o roba una sonrisa con un número artístico a quienes viajan con otro ritmo y tiempos en su cabeza.

A menudo los artistas callejeros suelen poseer un termómetro de la situación social y económica privilegiada, al respecto Santiago aclaró: “El faro está bien, no me quejo, económicamente sigue rindiendo más que laburar para alguien. Quizás la única alternativa es meterle un poquito más, tampoco tiras mantecas al techo. No es lo mismo que antes, se nota en Córdoba Capital que están muy ocupados los semáforos, claramente es la situación económica persistente, pero hay días buenos y días malos, como en otros trabajos. Igualmente, la libertad no tiene precio”.

Continuando con esta historia de vida digna de Perfiles Urbanos de NOVA que supo encarrilar su camino personal consciente o inconscientemente siguiendo su instinto por perspectivas constructivas para la sanación quién hoy decide ser un viajero de la ciudad luego muchos kilómetros recorridos expresaron: “Lo que más cuesta siento que es deconstruir la idea de que por haber nacido acá ya conozco la ciudad y no me sorprendo tan fácil como en otro lado. Y realmente Córdoba la valore viajando, antes no tomaba dimensión de lo linda que realmente es”.

De manera totalmente transparente Santiago desnudó sus más profundos sentires: “Estuve años escapando de la rutina y ahora suelo utilizar tres rutinas para mi personaje laboral en el semáforo, Pan Frito y sus gracias. Aprendí que querer escapar del sistema es una utopía, todos necesitamos dinero para vivir, depende de cada uno valorar sus libertades y tiempos”.

Luego, agregó: “Si algo soy es lo aprendido en el mundo de los malabares, el secreto es la práctica consciente por eso siempre estoy queriendo mejorar en todos los aspectos la rutina y los detalles de mí personaje”.

Mirando de cerca el final de una charla tan consciente como amena Santiago Lizio comentó: “Me pasa a veces en los pueblos del interior cuando conoces a alguien y te preguntan por qué te dedicas a esto encontrarme respondiendo, es la vida del andariego. El artista callejero es itinerante y si bien a mi me apasiona viajar, ahora me apasiona más viajar con el arte y compartirlo de ciudad en ciudad, o por momentos en la capital buscando el semáforo que sienta acorde para mí momento”.

Al consultarle qué le diría su yo del presente si pudiera mirar de frente y tener una charla con aquel joven que por primera vez se colgaba una mochila en busca de sus sueños el protagonista de su propia película de vida respondió: “Creo que le diría que confíe más en él para animarse ya que el mundo es para los corajudos. Yo tuve varios trenes que se me pasaron por no animarme a más”.

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