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VIDEO | Navidad en fuego: la modelo que rompe moldes y etiquetas

Giselle Ruiz Couly cruza arte, cuerpo y emprendimiento en una identidad propia que desafía etiquetas y propone una nueva forma de creación independiente.
Entre el lienzo, la cámara y los formatos digitales, Giselle Ruiz Couly convierte la imagen en discurso y la exposición en una elección consciente.
Autonomía, estética y expresión personal se funden en el recorrido de Giselle Ruiz Couly, una artista que rompe moldes en la era de la visibilidad permanente.

Ella es modelo y promotora de profesión, artista plástica por vocación y emprendedora por decisión.

Giselle Ruiz Couly construye una identidad que cruza estética, negocio y expresión personal. Su camino se mueve entre el lienzo, la cámara y los nuevos formatos digitales, donde la imagen deja de ser solo exhibición para convertirse en discurso.

En tiempos de exposición permanente, su trabajo propone una mirada propia sobre el arte, el cuerpo y la autonomía, desafiando etiquetas y redefiniendo el concepto de artista independiente en la era digital.

En dialogo exclusivo con NOVA:

-¿Dónde naciste y cuándo llegaste acá? ¿Se cubrieron tus expectativas?

-Nací en la provincia de Córdoba y crecí en un entorno rural, muy ligado a la naturaleza y a una vida simple, algo que marcó profundamente mi sensibilidad y mi manera de percibir el mundo. Más adelante me mudé a Córdoba capital para estudiar Ingeniería Mecánica, un cambio intenso que implicó pasar del campo a la ciudad y adaptarme a otro ritmo, nuevas exigencias y preguntas internas.

Si bien no finalicé la carrera, fue una etapa clave en mi formación: me aportó estructura, disciplina y, sobre todo, la claridad de entender que mi camino iba por otro lado. Ese proceso no frustró expectativas, sino que las transformó, enseñándome que los recorridos no siempre son lineales y que incluso las etapas inconclusas también construyen identidad y propósito.

-¿En qué momento sentiste que todas tus facetas —modelo, artista y emprendedora— empezaban a dialogar entre sí?

-Hubo un momento en el que dejé de compartimentarme. Entendí que no necesitaba elegir una sola versión de mí para ser válida. Cuando empecé a crear desde una mirada integral —donde el cuerpo, el arte y el proyecto personal se sostienen entre sí— todo comenzó a dialogar de manera orgánica. Fue entonces cuando apareció una coherencia interna que antes no existía.

-¿Qué encontrás en el arte plástico que no aparece frente a la cámara, y viceversa?

-En el arte plástico encuentro silencio, introspección y una conexión profunda conmigo misma, un tiempo más lento donde no existe la mirada externa inmediata. Frente a la cámara, en cambio, aparece la presencia, el intercambio y la energía del instante. Son lenguajes distintos: uno íntimo y contemplativo, el otro expansivo y vivo, y en ese contraste encuentro equilibrio.

-OnlyFans suele generar miradas encontradas: ¿cómo lo integrás a tu identidad creativa y laboral?

-Lo integro desde la conciencia y la decisión. Para mí es una plataforma más, un medio que puede ser utilizado con intención creativa y autonomía. No define quién soy, pero sí forma parte de cómo gestiono mi trabajo y mi libertad. El verdadero problema no es la herramienta, sino el prejuicio desde el cual se la observa.

-¿Sentís que hoy el cuerpo también puede ser un lenguaje artístico y una herramienta de autonomía?

-Absolutamente. El cuerpo siempre ha comunicado, pero hoy también podemos apropiarnos de ese lenguaje. Cuando se muestra desde la elección y no desde la imposición, se transforma en una herramienta de expresión, poder y autonomía. Para mí, habitar el cuerpo de manera consciente es, también, un acto creativo.

-Como emprendedora, ¿qué aprendiste sobre vos misma al gestionar tu propia imagen y tu trabajo?

-Aprendí a confiar en mi criterio y a sostener mis decisiones. Gestionar mi propia imagen me llevó a ser honesta conmigo misma: reconocer mis límites, mis deseos y mi valor. También entendí que la disciplina y la intuición no están en conflicto, sino que se complementan y se potencian.

-¿Qué prejuicios te tocó enfrentar y de qué manera los transformaste en motor creativo?

-El principal prejuicio fue la idea de que una mujer no puede ser profunda y sensual al mismo tiempo. En lugar de confrontarlo directamente, lo transformé en impulso creativo: integrar esas dimensiones y mostrarlas sin pedir permiso. Cuando dejás de defenderte, el prejuicio empieza a perder fuerza.

-¿Cómo imaginás tu evolución artística y profesional en los próximos años?

-Me imagino expandiendo mi obra hacia proyectos más integrales, donde el arte, la enseñanza y la creación de contenido dialoguen entre sí. Quiero seguir creciendo con coherencia, profundizando mi mensaje y consolidando una identidad cada vez más auténtica, consciente y libre.

En un escenario donde la imagen se multiplica y los formatos se transforman, Giselle Ruiz Couly reafirma una idea clara: la verdadera creación nace cuando la identidad no se negocia, sino que se expresa.

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